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El inconsciente aún nos ocupa

Publicado: 9 de Agosto de 2019

La observación del comportamiento infantil dio pie al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby (1907-1990) para definir la teoría del apego, entendido este como  el vinculo afectivo y conductual que desarrolla el niño con sus padres o cuidadores en la primera infancia, y que va a determinar su desarrollo cerebral y emocional. Pero no fue hasta finales de los años ochenta cuando los psicólogos Cindy Hazan y Phillip Shaver concluyeron que las relaciones amorosas de cada uno reproducen las relaciones de apego que vivan en la infancia.

Hay definidos cuatro tipos de apego del niño a su madre, que al crecer reproduce en sus relaciones amorosas de adulto.


Seguro.  La figura cuidadora se preocupa sinceramente por el bebe, entiende y atiende sus necesidades sin ser invasiva ni tampoco negligente. Transmite al niñoo afecto, respeto y cuidado, facilitando su progresiva autonom­a. El niño, cuando se ausenta la madre, siente disgusto y ansiedad, pero consigue calmarse y consolarse el solo. Cuando la madre vuelve, se halla a gusto con ella. Son niños que se sienten queridos y consiguen equilibrar la presencia física y el vínculo afectivo con el deseo de autonomí­a y aventura necesario para el aprendizaje.

Sr. Garcia

De adultos se encuentran cómodos en las relaciones personales y disfrutan al compartir la intimidad. Se sienten queridos y saben alejarse de quienes les hacen daño. Reconocen sus emociones y son capaces de pedir consuelo y de expresar sus necesidades afectivas. El tipo de relaciones que entablan son duraderas, respetuosas y no idealizadas, y comprenden los altibajos naturales en una relación.

Inseguro-evitativo.  La figura cuidadora se muestra hostil o frí­a hacia las demandas afectivas del niño porque las considera excesivas, caprichosas o inapropiadas y rehuye o raciona el contacto físico con el bebe. Considera estas necesidades como una debilidad que es necesario educar con disciplina, a base de privaciones y dosificación del carácter. Estos niños aprenden a reprimir sus necesidades afectivas y a renunciar a la intimidad para no provocar rechazo y mantener así­ el ví­nculo. Eso los convierte en adultos huidizos que sienten que sus emociones son engorrosas para los demás y ven la necesidad de afecto como una debilidad. Su nivel de ansiedad es bajo, con escaso neuroticismo y una cota muy alta de actitudes evasivas que les impiden compartir su intimidad con la pareja.

Inseguro-ansioso ambivalente. La figura cuidadora muestra una actitud imprevisible para el niño, originada por dificultades que sufre ella misma. No es que rechace al bebe, sino que unas veces se muestra indiferente y lo ignora, y otras se muestra cariñosa, alegre, equilibrada y atenta a sus necesidades. Esta actitud impredecible genera mucha ansiedad en el niño, quien, privado de patrones comprensibles, no entiende por que unas veces sus necesidades e incluso las básicas son desatendidas y otras veces son los reyes de mama.

Estos bebes serán adultos inseguros en sus relaciones, con mucha ansiedad ante las separaciones y ante las emociones negativas, aprensivos, celosos, suspicaces y bastante melodramáticos. Necesitan sentirse permanentemente vinculados a sus parejas, a veces de manera agobiante para ellas, y así­ ahuyentar la ansiedad que les provoca la separación. Estas parejas son muy dependientes del otro, interpretan cada gesto como una amenaza a la relación y oscilan entre la bronca, la sumisión y el arrepentimiento. Su felicidad o desánimo dependen de la atención que reciba del otro: mientras se muestre disponible y cariñoso, desaparece la ansiedad y reina la confianza y el equilibrio; pero esto nunca es suficiente: al primer gesto de independencia de la pareja se reactivara la espiral ansiosa y demandante.

Los niños cuya figura cuidadora ha sido fría con ellos tienen de adultos problemas para compartir su intimidad

Desorganizado. Es el tipo más patológico de apego. La figura cuidadora es gravemente insensible o manifiesta actitudes violentas hacia el niño. El bebe no puede sobrevivir sin ella, que es al mismo tiempo una amenaza: esta paradoja le provoca un colapso psíquico traumatico. Son niños llenos de dolor, miedo, agresividad, sentimientos de ambivalencia, inseguridad que recurren al bloqueo emocional y la disociación para poder sobrellevar su realidad. De adultos sufren grandes dificultades para identificar sus emociones  y padecen bloqueos y confusión de sentimientos. Para ellos las relaciones afectivas son amenazantes, de manera que las evitaran o se sucederan las rupturas. Son personas inestables, con dificultades para respetar los derechos y los lí­mites del otro.


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